Algunos cuentos y rimas de primavera
Un juego de dedos de Wilma Ellersiek.
EL PAJARITO EN EL ARBOL
1.
Hay
un pájaro en el nido
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Apuntar hacia un árbol imaginario en la lejanía
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2.
Tan
pequeño, tan pequeño, que esta muy escondido.
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Poner la mano en la frente buscando al pajarito con la mirada.
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3.
Pero
se oye bien su canto
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Poner la mano detrás de la oreja para escuchar el canto.
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4.
¡Pío-
piiio! - ¡pío - -piiio! – ¡pío – piio!
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Con el dedo pulgar y el dedo índice hacer el pico del pájaro. Los demás
dedos quedan doblados. Abrir el pico en cada “i” de “pio”, y cerrar el pico
en la “o”.
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5.
¿cómo
canta el pajarito?
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Poner las manos detrás de la oreja como antes.
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6.
¡Pío-
piiio! - ¡pío - -piiio!
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Abrir y cerrar el pico como antes.
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7.
¡Te
quiero, mi niño!
¡Te quiero, mi niño!
Y yo también.
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Continuar el gesto abriendo el pico en “quie” y “mi”.
Hacer una caricia al niño.
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UNA HISTORIA DE LA LIEBRE DE
PASCUA
Del libro de cuentos infantiles de la editorial Rudolf Steiner.
Había una vez una familia de liebres de Pascua, el padre, la madre y los
siete hijos. El padre y la madre no sabían quién de sus hijos iba a ser ese año
la liebre de Pascua. Entonces la madre liebre de Pascua cogió una cesta con
siete huevos, y el padre liebre de Pascua llamo a sus siete hijos y dijo al
mayor:
-
Coge
un huevo de la cesta y llévalo a la casa
donde viven muchos niños.
El mayor cogió el huevo dorado y se fue con el a través del bosque, cruzó
el riachuelo, atravesó la pradera y llego al jardín de la casa de los niños.
Entonces quiso saltar por encima de la verja, dio un salto demasiado grande y
el huevo se cayó y se rompió. Esta no era la verdadera liebre de Pascua.
Le llegó el turno al segundo. Éste cogió el huevo plateado, corrió con el a
través del bosque, cruzó el riachuelo y llegó la pradera. Entonces le llamo la
urraca:
-
Dame
tu huevo, dame tu huevo y te regalaré una moneda.
Y sin que la liebre se diera cuenta ya se había llevado la urraca el huevo
a su nido. Esta tampoco era la verdadera liebre de Pascua.
Le tocó el turno al tercero. Éste escogió el huevo de chocolate, corrió con
el a través del bosque, cruzó el riachuelo, llegó a la pradera y justo
entonces, llegó saltando de un pino alto una ardilla, puso grandes ojos y
preguntó:
-
¿Está
rico?
-
No lo
sé, lo quiero llevar a los niños.
-
¿Me
dejas probar un poco?
La ardilla chupó un poco y, como le gustó tanto, siguió lamiendo, y la
liebre lamio con ella hasta que todo el huevo había desaparecido. Cuando la
tercera liebre llegó a casa, la liebre madre de Pascua le tiró de los pelos de
su morrito que aún estaban llenos de chocolate y dijo:
-
Tú
tampoco eres la verdadera liebre de Pascua.
Ahora le llegó el turno al cuarto. El cuarto cogió el huevo con muchas
manchitas. Con este huevo corrió a través del bosque. Cuando estaba cruzando se
paró en medio y se vio en el riachuelo como en un espejo. Cuando se estaba
mirando, ¡plaf!, se cayó el huevo al agua. Ésta tampoco era la liebre de
Pascua.
Le llegó el turno al quinto. El quinto cogió el huevo amarillo. Con el
corro a través del bosque y antes de llegar al riachuelo se encontró con el
zorro.
-
Oye,
vente conmigo a mi madriguera y enseña a mis hijos el huevo bonito.
Los zorritos empezaron a jugar con el huevo, se cayo encima de una piedra y
se rompió. Rápidamente corrió la liebre a casa con las orejas gachas. Ella
tampoco era la verdadera liebre de pascua.
Le llegó el turno al sexto. El sexto escogió el huevo rojo y con él corrió
a través del bosque. Entonces se encontró en el camino con otra liebre, puso su
huevo en el camino y empezó a pelearse con la otra. Por fin, la otra liebre
huyó, y cuando la sexta liebre encontró su huevo lo encontró hecho migas. Esta
tampoco era la verdadera liebre de Pascua.
Le tocó ya el turno a la séptima, la liebre más joven y pequeña. Ella cogió
el huevo azul. Con el huevo azul atravesó el bosque. En el camino se encontró
con otra liebre. La dejó pasar y siguió adelante. Entonces vino el zorro. La
liebre le dio un rodeo y llego al riachuelo. Con unos saltos ligeros cruzó por
encima del tronco. Vino la ardilla pero la liebrecita siguió adelante y llegó a
la pradera. Cuando la urraca gritó, simplemente le contestó:
-
¡Tengo
que seguir!, ¡tengo que seguir!
Por fin, llegó al jardín de la casa. La puerta estaba cerrada. Ella dio un
salto, ni demasiado grande, ni demasiado pequeño, y puso el huevo en el nido
que le habían construido los niños. Esta era la verdadera liebre de Pascua.
SEMILLAS
Cuento inglés
Del libro Cuentos infantiles para contar y jugar, editorial Antroposófica.
Eras una vez un niño que vivía en una casa rodeada de un gran jardín. Los
árboles y las flores del jardín eran amigos. Un día su madre le dio un puñado
de semillas y le dijo:
-
Vamos
al jardín a sembrar estas semillas en la tierra. Si las cuidamos mucho, y con
la ayuda de todos los amigos, veremos como crecen.
Los primeros ayudantes serán las hadas de la lluvia que, cantarán:
-
¡Ya
es hora de despertar!
Luego vendrán las hadas de la tierra y ayudarán a las raíces para que
crezcan y se arraiguen con fuerza. Luego vendrán las hadas del viento, jugarán
con las hojas y ayudarán a las hojas a crecer hacia el sol. Y al fin, un día
las plantas notarán que algo brilla en sus capullos; abrirán sus pétalos y… ¿a
quién verán? ¡al sol!
El niño llevó las semillas al jardín y las plantó en la tierra. Las cuido
con mucho cariño, y juntos, las plantas y el niño rectos y fuertes crecieron.