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martes, 14 de marzo de 2017

Rimas de Primavera

Algunos cuentos y rimas de primavera

Un juego de dedos de Wilma Ellersiek.

EL PAJARITO EN EL ARBOL
1.     Hay un pájaro en el nido
Apuntar hacia un árbol imaginario en la lejanía
2.     Tan pequeño, tan pequeño, que esta muy escondido.
Poner la mano en la frente buscando al pajarito con la mirada.
3.     Pero se oye bien su canto
Poner la mano detrás de la oreja para escuchar el canto.
4.     ¡Pío- piiio! - ¡pío - -piiio! – ¡pío – piio!
Con el dedo pulgar y el dedo índice hacer el pico del pájaro. Los demás dedos quedan doblados. Abrir el pico en cada “i” de “pio”, y cerrar el pico en la “o”.
5.     ¿cómo canta el pajarito?

Poner las manos detrás de la oreja como antes.
6.     ¡Pío- piiio! - ¡pío - -piiio!
Abrir y cerrar el pico como antes.
7.     ¡Te quiero, mi niño!
¡Te quiero, mi niño!

Y yo también.
Continuar el gesto abriendo el pico en “quie” y “mi”.

Hacer una caricia al niño.


UNA HISTORIA DE LA LIEBRE DE PASCUA
Del libro de cuentos infantiles de la editorial Rudolf Steiner.

Había una vez una familia de liebres de Pascua, el padre, la madre y los siete hijos. El padre y la madre no sabían quién de sus hijos iba a ser ese año la liebre de Pascua. Entonces la madre liebre de Pascua cogió una cesta con siete huevos, y el padre liebre de Pascua llamo a sus siete hijos y dijo al mayor:

-       Coge un  huevo de la cesta y llévalo a la casa donde viven muchos niños.
El mayor cogió el huevo dorado y se fue con el a través del bosque, cruzó el riachuelo, atravesó la pradera y llego al jardín de la casa de los niños. Entonces quiso saltar por encima de la verja, dio un salto demasiado grande y el huevo se cayó y se rompió. Esta no era la verdadera liebre de Pascua.

Le llegó el turno al segundo. Éste cogió el huevo plateado, corrió con el a través del bosque, cruzó el riachuelo y llegó la pradera. Entonces le llamo la urraca:

-       Dame tu huevo, dame tu huevo y te regalaré una moneda.

Y sin que la liebre se diera cuenta ya se había llevado la urraca el huevo a su nido. Esta tampoco era la verdadera liebre de Pascua.

Le tocó el turno al tercero. Éste escogió el huevo de chocolate, corrió con el a través del bosque, cruzó el riachuelo, llegó a la pradera y justo entonces, llegó saltando de un pino alto una ardilla, puso grandes ojos y preguntó:

-       ¿Está rico?
-       No lo sé, lo quiero llevar a los niños.
-       ¿Me dejas probar un poco?

La ardilla chupó un poco y, como le gustó tanto, siguió lamiendo, y la liebre lamio con ella hasta que todo el huevo había desaparecido. Cuando la tercera liebre llegó a casa, la liebre madre de Pascua le tiró de los pelos de su morrito que aún estaban llenos de chocolate y dijo:

-       Tú tampoco eres la verdadera liebre de Pascua.

Ahora le llegó el turno al cuarto. El cuarto cogió el huevo con muchas manchitas. Con este huevo corrió a través del bosque. Cuando estaba cruzando se paró en medio y se vio en el riachuelo como en un espejo. Cuando se estaba mirando, ¡plaf!, se cayó el huevo al agua. Ésta tampoco era la liebre de Pascua.

Le llegó el turno al quinto. El quinto cogió el huevo amarillo. Con el corro a través del bosque y antes de llegar al riachuelo se encontró con el zorro.

-       Oye, vente conmigo a mi madriguera y enseña a mis hijos el huevo bonito.

Los zorritos empezaron a jugar con el huevo, se cayo encima de una piedra y se rompió. Rápidamente corrió la liebre a casa con las orejas gachas. Ella tampoco era la verdadera liebre de pascua.

Le llegó el turno al sexto. El sexto escogió el huevo rojo y con él corrió a través del bosque. Entonces se encontró en el camino con otra liebre, puso su huevo en el camino y empezó a pelearse con la otra. Por fin, la otra liebre huyó, y cuando la sexta liebre encontró su huevo lo encontró hecho migas. Esta tampoco era la verdadera liebre de Pascua.

Le tocó ya el turno a la séptima, la liebre más joven y pequeña. Ella cogió el huevo azul. Con el huevo azul atravesó el bosque. En el camino se encontró con otra liebre. La dejó pasar y siguió adelante. Entonces vino el zorro. La liebre le dio un rodeo y llego al riachuelo. Con unos saltos ligeros cruzó por encima del tronco. Vino la ardilla pero la liebrecita siguió adelante y llegó a la pradera. Cuando la urraca gritó, simplemente le contestó:
-       ¡Tengo que seguir!, ¡tengo que seguir!

Por fin, llegó al jardín de la casa. La puerta estaba cerrada. Ella dio un salto, ni demasiado grande, ni demasiado pequeño, y puso el huevo en el nido que le habían construido los niños. Esta era la verdadera liebre de Pascua.


SEMILLAS
Cuento inglés
Del libro Cuentos infantiles para contar y jugar, editorial Antroposófica.

Eras una vez un niño que vivía en una casa rodeada de un gran jardín. Los árboles y las flores del jardín eran amigos. Un día su madre le dio un puñado de semillas y le dijo:
-       Vamos al jardín a sembrar estas semillas en la tierra. Si las cuidamos mucho, y con la ayuda de todos los amigos, veremos como crecen.
Los primeros ayudantes serán las hadas de la lluvia que, cantarán:
-       ¡Ya es hora de despertar!
Luego vendrán las hadas de la tierra y ayudarán a las raíces para que crezcan y se arraiguen con fuerza. Luego vendrán las hadas del viento, jugarán con las hojas y ayudarán a las hojas a crecer hacia el sol. Y al fin, un día las plantas notarán que algo brilla en sus capullos; abrirán sus pétalos y… ¿a quién verán? ¡al sol!

El niño llevó las semillas al jardín y las plantó en la tierra. Las cuido con mucho cariño, y juntos, las plantas y el niño rectos y fuertes crecieron.



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